Actualizado Martes, 8 abril 2025 - 01:06
A las aguas habitualmente revueltas de la izquierda le ha salido un remolino que amenaza con volcar el debate sobre la unidad de la izquierda. En una semana se ha pasado de la necesidad de una lista conjunta para ganar a la derecha y salvar el Gobierno de coalición a enredarse en torno a los nombres y el poder. Así ha sucedido después de que Podemos haya proclamado a Irene Montero como la candidata a las elecciones generales. Un movimiento de anticipación que ha provocado que se hayan enconado las posiciones de los potenciales partidos para reconstruir la unidad y que enturbia las condiciones de un pacto: «No ayuda». De Izquierda Unida a Sumar, de los Comunes a Más Madrid, afearon el momento, la precipitación, y el fondo.
La maniobra para colocar a la ex ministra como líder de una candidatura conjunta, cuando ni siquiera hay un acercamiento entre las partes para poder dialogar sobre un proyecto, fue contestada por Sumar e IU con el argumento de que la unidad no se va a reconstruir bajo los nombres, sino desde un pacto de programa y, en último caso, con primarias conjuntas para repartir el poder en las listas.
La situación de partida no se parece en nada a la que se vivió en 2016 y 2019, cuando el pacto entre Podemos e IU creó Unidas Podemos bajo el liderazgo indiscutible de Pablo Iglesias. Ni tampoco a 2023, cuando una meteórica Yolanda Díaz capitalizaba las ilusiones gracias al aura ganada por su labor en el primer Gobierno de coalición con el PSOE. El liderazgo de una futura candidatura es hoy un elemento en disputa y ni siquiera está claro que Díaz concite ahora el apoyo incondicional de los mismos socios que se cuadraron ante en ella en 2023.
Hoy no se sabe qué persona ni qué partido tiene que asumir ese papel. Es más, los llamamientos a levantar un «frente amplio» tienen la vocación de crear una nueva entente plural, más democrática y horizontal que las anteriores, cuando un partido llevaba la voz cantante y se imponía al resto. Ahora la unidad es expresión de una suma de debilidades.
En esta clave se entiende por qué Podemos se anticipa para condicionar el debate y por qué los demás partidos del espacio evitan comprar ese marco. Podemos busca con el No a la guerra y frente al aumento del gasto militar trascender la figura de Montero y convertirla en una suerte de líder moral que aproveche la crisis sobre la defensa y las limitaciones que su principal rival por el trono, Yolanda Díaz, va a sufrir como vicepresidenta del Gobierno. La dirigente de Podemos podrá coger la pancarta y atacar sin piedad a Sánchez por el rearme. En cambio Díaz tiene las manos atadas en el Consejo de Ministros para oponerse a planes como el que se aprueba hoy, con otros 2.000 millones para Defensa.
Esas posiciones inflexibles de Montero pretenden conectar con ese electorado antibelicista de otros partidos como IU, Chunta, Compromís o Comunes, y que eso sirva para auparla como referente política y moral. Pablo Iglesias presumía ayer de que Podemos tiene liderazgos que hablan «claro» frente a un Sumar en «descomposición» que vive sus «contradicciones» por estar en el Gobierno. Su tesis es que es una fórmula «perdedora» y que su partido será «muy generoso con otras formaciones políticas más pequeñas» que quieran unirse.
Sumar advirtió de que la unidad se construirá de otra manera. «No será Pablo Iglesias, ni Ione Belarra ni Yolanda Díaz los que hablen de las condiciones de la unidad, sino que será la gente la que ponga las condiciones cuando toque», dijo Lara Hernández, porque aún quedan «dos años» para 2027. Dentro del partido se ve como una demostración de debilidad el movimiento de Podemos y se insiste en que la unidad irá de los nombres.
En IU, Antonio Maíllo rechazó que se elija «a dedo» al candidato y reivindicó primarias conjuntas en las que participen quienes quieran. Y luego todos tendrán que «respetar» el resultado y colocarse detrás. El líder de IU, que fue el primero en 2024 en pedir la unidad, avanzó que llegado el día su formación también presentará un nombre para encabezar la candidatura. Así, apeló a hacer las cosas de otra manera. Reclamó «una base programática de mínimos» con «respeto» a las diferencias y luego armar un «frente amplio» con «todos dentro», «sin vetos» y con «primarias». «Nosotros no tenemos que elegir a nadie», dijo sobre los cantos de sirena de Podemos para dejar a Sumar por ellos, «nosotros elegimos una alianza amplia».
Desde los Comunes, Aina Vidal fue tajante al rechazar el adelanto de Podemos con Montero. «Avanzar debates para los que faltan más de dos años no ayuda», recriminó. También Más Madrid criticó la precipitación de los tiempos, a dos años de las urnas.
Entre tanto, Podemos defiende su jugada en que está en «poner en pie» una izquierda en alianza con la «sociedad civil organizada». «Si cumplimos, al final la forma en la que vayamos a las elecciones caerá por su propio peso», dijo.