Elogio de la ternura, por Llucia Ramis


Llucia Ramis's review of the film 'Anora' focuses on the character Igor and the impact of his tenderness on the protagonist.
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Vi Anora porque tocaba, tras haber recibido tantos Oscars por sorpresa, incluido el de mejor película. Tiene más gracia al pensar en ella que mientras la ves. La última parte me fue conmoviendo a través del personaje de Igor. Desde la adolescencia no me había enamorado de un personaje de ficción deseando que existiera. La primera vez fue de Peter Pan, siendo niña. La segunda, de Po­nyboy Curtis, el narrador de Rebeldes, novela de Susan E. Hinton. No soportaba la idea de que nunca los conocería porque no eran reales. Bueno, luego resultó que sí conocí a unos cuantos peterpanes; entonces llegué a aborrecerlo, pero esta es otra historia.

 Una escena de 'Anora'  Neon via AP

Algo parecido le pasó a uno de mis hermanos cuando, de pequeño, vio Lo que el viento se llevó. Se enamoró de Scarlett O’Hara, y descubrió desolado que, cuando él nació, Vivien Leigh llevaba quince años muerta. La vida del actor Yura Borisov me da igual. El que me gusta es Igor. Mejor dicho: lo que me gusta es lo que Igor transmite en Anora. Sin cursiladas ni ostentaciones, a veces torpe, muestra su ternura con pequeños detalles que descolocan y aíran a la protagonista; ofrecerle un fular, un vaso de agua, encenderle un pitillo sin que ella lo pida, y un final que da importancia a lo que de verdad la tiene.

Aceptar el cariño implica reconocer demasiados errores y quitarte demasiadas corazas

No la trata como a una reina, tampoco con paternalismo; la protege con una distancia respetuosa, desde el tú a tú. La ternura es un sentimiento de cariño, comprensión, delicadeza y afecto contra el que te rebelas cuando crees que quien te lo muestra oculta otras intenciones; hace demasiado tiempo que no se dirigen a ti con tacto y te has vuelto suspicaz. No puede ser que alguien me quiera, siente ella sin darse cuenta.

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La ternura no se echa de menos si no la has conocido, pero la necesitas igual, se cuela por tu flanco débil y evidencia tu vulnerabilidad. Aceptar el cariño implica reconocer demasiados errores y quitarte demasiadas corazas. Es un desgarro. No te gusta y no puedes permitírtelo. Las chicas duras rechazan a los chicos tiernos burlándose de ellos. Solo los fuertes aguantan, sin avasallar, simplemente estando ahí. Igor significa guerrero, le dice él, y ella contesta que no, que es nombre de jorobado. Porque cuesta enamorarse de la ternura cuando sabes cuidarte sola; en realidad solo lo haces si es ficción.

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