This review by Llucia Ramis centers on the film 'Anora,' particularly highlighting the character Igor and his portrayal of tenderness. Ramis describes being moved by Igor's character, expressing a desire for such a person to exist in real life, drawing parallels to previous fictional characters she admired.
Ramis emphasizes Igor's non-ostentatious, sometimes clumsy, yet genuine tenderness. His actions, such as offering a scarf or lighting a cigarette, are presented as small details that disarm the protagonist and create a meaningful connection. The review emphasizes that Igor doesn't treat the protagonist like a queen, but protects her respectfully and from a position of equality.
The review delves into the complexities of accepting affection, particularly the vulnerability it requires. It suggests that rejecting tenderness stems from a distrust built up over time and a fear of exposing one's weaknesses. Ramis argues that the acceptance of affection leads to acknowledging past mistakes and discarding defensive barriers, representing a significant emotional challenge.
The review concludes by contemplating the relationship between strength and tenderness. The author poses that only strong individuals can display tenderness without being domineering, emphasizing that 'true' tenderness is sometimes only accessible in fictional contexts.
Vi Anora porque tocaba, tras haber recibido tantos Oscars por sorpresa, incluido el de mejor película. Tiene más gracia al pensar en ella que mientras la ves. La última parte me fue conmoviendo a través del personaje de Igor. Desde la adolescencia no me había enamorado de un personaje de ficción deseando que existiera. La primera vez fue de Peter Pan, siendo niña. La segunda, de Ponyboy Curtis, el narrador de Rebeldes, novela de Susan E. Hinton. No soportaba la idea de que nunca los conocería porque no eran reales. Bueno, luego resultó que sí conocí a unos cuantos peterpanes; entonces llegué a aborrecerlo, pero esta es otra historia.
Algo parecido le pasó a uno de mis hermanos cuando, de pequeño, vio Lo que el viento se llevó. Se enamoró de Scarlett O’Hara, y descubrió desolado que, cuando él nació, Vivien Leigh llevaba quince años muerta. La vida del actor Yura Borisov me da igual. El que me gusta es Igor. Mejor dicho: lo que me gusta es lo que Igor transmite en Anora. Sin cursiladas ni ostentaciones, a veces torpe, muestra su ternura con pequeños detalles que descolocan y aíran a la protagonista; ofrecerle un fular, un vaso de agua, encenderle un pitillo sin que ella lo pida, y un final que da importancia a lo que de verdad la tiene.
Aceptar el cariño implica reconocer demasiados errores y quitarte demasiadas corazasNo la trata como a una reina, tampoco con paternalismo; la protege con una distancia respetuosa, desde el tú a tú. La ternura es un sentimiento de cariño, comprensión, delicadeza y afecto contra el que te rebelas cuando crees que quien te lo muestra oculta otras intenciones; hace demasiado tiempo que no se dirigen a ti con tacto y te has vuelto suspicaz. No puede ser que alguien me quiera, siente ella sin darse cuenta.
Lee también Llucia RamisLa ternura no se echa de menos si no la has conocido, pero la necesitas igual, se cuela por tu flanco débil y evidencia tu vulnerabilidad. Aceptar el cariño implica reconocer demasiados errores y quitarte demasiadas corazas. Es un desgarro. No te gusta y no puedes permitírtelo. Las chicas duras rechazan a los chicos tiernos burlándose de ellos. Solo los fuertes aguantan, sin avasallar, simplemente estando ahí. Igor significa guerrero, le dice él, y ella contesta que no, que es nombre de jorobado. Porque cuesta enamorarse de la ternura cuando sabes cuidarte sola; en realidad solo lo haces si es ficción.
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