Jean López, a French analyst who has dedicated over two-thirds of his 73 years to researching World War II, offers insights into the final 106 days of Hitler's reign based on his book, 'Los últimos cien días de Hitler'. His analysis counters the myth of unified German support for Hitler until the very end, emphasizing the role of fear and coercion in maintaining the war effort.
López's account begins on January 15, 1945, marking Hitler's return to Berlin and the abandonment of any hope for a Western offensive. He argues that Hitler's refusal to seek an armistice prolonged the war, significantly increasing casualties. If Hitler had died earlier, his successors might have sought peace with the West while continuing the fight in the East; however, if those successors were generals of the Wehrmacht, they likely would have capitulated after a failed attempt to negotiate an armistice.
López paints a picture of Hitler as physically weak but with his power of persuasion still intact. Life inside the bunker was characterized by the constant noise of ventilation and bombing, high humidity, and overcrowding. Food consisted primarily of military rations and canned goods, except for higher-ranking officials who received slightly better meals.
Following Hitler's death, chaos reigned. The collapse of transportation led to water and electricity shortages. While some local powers remained, anarchy gripped large cities due to violence perpetrated by the SS and Gestapo. These groups continued executing prisoners of war, deportees, forced laborers, and deserters well after the war ended.
Setenta y tres años contemplan a este analista francés; más de dos tercios de ellos, dedicados a investigar la Segunda Guerra Mundial. Cuando Jean López fue alumbrado, habían pasado tan solo ocho primaveras desde que Adolf Hitler abandonara este mundo a golpe ... de cianuro y pistola. Atravesó de niño los años de la posguerra y paladeó el resurgir económico que llegó tras la caída del ariete nazi. Quizá se deba a ello el magnetismo que siente hacia este período. Tanto como para haber dedicado su vida adulta a la divulgación del conflicto y como para narrar en un libro, el último de la infinidad que atesora, los 106 últimos días del 'Führer' al frente del Tercer Reich.
La obra, 'Los últimos cien días de Hitler' (Espasa), se traduce en un torrente de datos de fuentes primarias y derrumba mitos como el que afirma que Alemania entera fue de la mano de su líder hasta los momentos finales. «Muchos alemanes luchaban por miedo. Hitler recurrió a las ejecuciones para que combatieran», explica a este diario. Hoy, preguntamos a López sobre los estertores del Tercer Reich, sobre la caída en desgracia del hampón más grande de Europa, y sobre las verdades y mentiras de la última etapa de la Segunda Guerra Mundial.
-¿Por qué comenzar el libro en un día tan específico como el 15 de enero de 1945?
Porque fue el día en que Hitler regresó definitivamente a Berlín, de donde no volvería a salir salvo para una visita de unas horas al frente del Oder. También fue la jornada en la que abandonó toda esperanza de relanzar la ofensiva en el oeste, en la que los soviéticos rompieron todas las defensas alemanas en Polonia y en la que empezaron a marchar a un ritmo de 50 km hora hacia Berlín.
-Si se hubiera suicidado antes Hitler, ¿habría terminado antes la guerra?
Sin duda. Fue su determinación de no pedir nunca un armisticio la que mantuvo a los alemanes luchando. Sin embargo, si hubiera desaparecido, digamos el 15 de enero, sus sucesores podrían haber continuado la lucha durante algún tiempo; lo suficiente como para proponer oficialmente la paz a Occidente y continuar la guerra en el Este. Aunque sí que creo que, si estos sucesores hubieran sido generales de la 'Wehrmacht', habrían capitulado después de haber pedido, en vano, un armisticio a los angloamericanos, y sólo a ellos.
-¿Qué cree que habría pasado con el Tercer Reich si hubiera heredado el poder uno de los grandes jerarcas de Hitler?
Si hubiera sido Himmler, Goebbels o Bormann quienes hubieran heredado el poder, creo posible que hubieran continuado la guerra hasta la aniquilación.
-¿Por qué considera que estos últimos 106 días fueron el período más destructivo de toda la Segunda Guerra Mundial?
Porque fue durante estos tres meses cuando hubo más bajas militares y civiles.
-¿Cómo se explica que ochenta millones de alemanes, rodeados y desesperados, resistieran hasta el final cuando Hitler ya estaba derrotado?
No todos resistieron hasta el final. A partir de febrero hubo un número creciente de deserciones y el régimen recurrió cada vez más a tribunales y ahorcamientos sumarios para mantener a las tropas en combate. La 'Wehrmacht' luchaba por costumbre, los nazis y sus simpatizantes, incluidos los jóvenes, por fanatismo. Los demás, por miedo a la Gestapo y a las SS o a la venganza de los soviéticos.
-¿Cómo debemos imaginar a Hitler durante estos 106 días? Usted lo describe como un hombre débil y con mal aliento...
Físicamente débil, pero con la voluntad intacta. Conservaba su capacidad de convencer a los demás. Pero lo cierto es que, poco a poco, fue perdiendo el contacto con la realidad que le rodeaba.
-¿Cómo era la vida diaria en el búnker?, ¿a qué olía allí?, ¿qué comían las tropas y los jerarcas que residían en su interior?
Fuera se oía el ruido de los bombardeos aéreos y, con el paso de las semanas, también el de la artillería soviética. En el interior, a cambio, primaba el ruido constante de la ventilación, la humedad que rezumaba de las paredes, el hacinamiento del búnker... 'No fumamos, o lo hacemos a escondidas, hablamos en voz baja', decían. ¿Alimento? Sin duda raciones militares y, para los jerarcas, un menú algo mejor en el que la comida enlatada jugaba un papel importante. La última comida de Hitler fueron espaguetis con tomate, por cierto.
-¿Se instaló la anarquía después de la muerte de Hitler?, ¿el Tercer Reich continuó operando?
Todo se derrumbaba, el transporte ante todo. Los pueblos ya no tenían agua ni electricidad. En realidad, todo dependía de los poderes locales. Era en las grandes ciudades, donde la vida estaba más perturbada, donde había una cierta forma de anarquía que reinaba debido a la violencia ejercida por ciertos grupos incontrolados: las SS y la Gestapo. Estas organizaciones ejecutaron a los sospechosos hasta el final. Acabaron con miles de personas: prisioneros de guerra, deportados, trabajadores forzados que habían escapado, evasores y desertores que se escondían en ruinas y sótanos... También asesinaron a grupos de jóvenes que se habían separado de sus familias y vivían en pandillas... Fue una pesadilla.
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